El gravísimo problema de nosotros, los laodicenses, no es que seamos tibios, miserables , pobres, ciegos o desnudos. Somos todo eso como resultado del verdadero problema: hemos dejado fuera de nuestras vidas a Jesús. El amén, el testigo fiel y verdadero. Ap.3:20
Esta es la causa numero uno de la falta de santidad, poder espiritual y humildad en nuestras iglesias. Y, ¿Como podriamos desarrrollar los frutos de Alguien por quien clamamos tan poco?