A la pornografía, como a cualquier otro pecado, no se le vence concentrando nuesro interes en vencerla, más bien, concentrando nuestra atención de Jesucristo. Su gloriosa belleza.
Pronto descubres, lo sencillo que es abandonar cualquier pecado cuando amas a tu maestro. La belleza de su tierno amor te llena, te inspira, y te motiva a dejarlo todo por él.
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